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Aldemaro Romero, un músico de eterna vigencia

Al cumplirse 13 años de la desaparición de Aldemaro Romero, hacemos un repaso por lo más importante del legado artístico y musical del creador de la Onda Nueva

La noticia llenó de tristeza a Venezuela. El 15 de septiembre de 2007, hace hoy 13 años, fallecía el maestro Aldemaro Romero en la clínica Ávila de Altamira, Caracas, como consecuencia de complicaciones surgidas a raíz de una oclusión intestinal. A partir de entonces, el creador de la Onda Nueva entró a la inmortalidad, consolidando así un apreciable legado, sustancioso y prolífico, que es referencia obligada en el ámbito musical venezolano.

Nacido en Valencia el 12 de marzo de 1928, fue el segundo de los cuatro hijos de Rafael Romero Osío y Luisa Zerpa de Romero, ambos nativos de la capital carabobeña. Hizo innumerables creaciones, tanto académicas como populares. Su versatilidad como músico, compositor, arreglista y director ha quedado registrada en numerosas grabaciones, tanto propias como de otros artistas.

La creación, a mediados de la década de los años 60, de la Onda Nueva, en la cual mezcló los ritmos autóctonos con el jazz y otros patrones musicales, fue uno de sus más importantes aportes.

Comenzó sus estudios musicales con su padre, quien era director de la banda del estado Yaracuy y a los 14 años se traslada a Caracas, donde comienza a tocar en audiciones radiales, bailes y otras fiestas populares.

A los 20 años dirigió por primera vez una orquesta, a partir de lo cual acompañaba, como músico y arreglista, a los artistas más destacados de la época. En 1950 firma un contrato con el sello RCA Victor de Nueva York, que lo llevó a residenciarse en esa ciudad. Allí grabó numerosos discos, respaldando musicalmente a los más famosos artistas latinos, entre ellos el venezolano Alfredo Sadel, el ídolo venezolano del momento a nivel internacional, así como también Stan Kenton, Ray Mc Kinley, Machito, Noro Morales, Miguelito Valdés y Tito Puente, entre otros.

“Dinner in Caracas”, un álbum antológico

En 1951 grabó en la ciudad de los rascacielos el elepé Dinner in Caracas, que marcó pauta al interpretar varios clásicos populares de la música venezolana, con un ropaje sinfónico que las revistió de un sonido que la crítica calificó de original, impecable y muestra de un talento fuera de serie. En los años subsiguientes haría otras grabaciones en este estilo, que obtuvieron la misma receptividad.

En la década de los 60 se produce otro hito en su carrera, al crear la Onda Nueva, una fusión de géneros sin precedentes en nuestra música popular, apelando a novedosos patrones rítmicos, muchos de los cuales fueron aportados por el baterista de su banda, el venezolano Frank Hernández.

En este marco, realizó el Festival Mundial de Onda Nueva, que en tres ediciones se realizó en el Teatro Municipal de Caracas, los años 1971, 1972 y 1973, con la participación de celebridades de la música de la estatura de Agostinho Dos Santos, Ivan Lins, Monna Bell, Olga Guillot, Caterina Valente, Augusto Martelli, Nancy Wilson, Dave Grusin, Armando Manzanero, Marco Antonio Muñiz, Augusto Algueró, Manuel Alejandro, el Zimbo Trío, Eliana Pitman, Frank Pourcel, Astor Piazzolla, Chabuca Granda, Amelita Baltar y Conchita Bautista, entre otras.

Premio de la paz en la URSS

Italia y la Unión Soviética fueron países muy importantes en su trayectoria. En el primero grabó varios de sus discos más reconocidos, actuó en la RAI e hizo la música de la película La epopeya de Bolívar, una coproducción con Venezuela estelarizada por Maximilian Schell y Rossana Schiaffino. Esta partitura le valió el “Premio de la Paz de los Intelectuales Soviéticos” en el Festival de Cine de Moscú 1969. Trabajó también en México, Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Colombia, Perú, Brasil, Argentina, España, Francia, Grecia, Suiza, Suecia, Japón y Egipto.

Ganó los primeros premios como arreglista y director en los Festivales de la Canción Latina de México (1974) y en de Palma de Mallorca (1976), en las Olimpíadas Musicales de Grecia (1977) y el Superestrella Internacional en la Music-Expo de Miami (1975).

A principios de los años 80, funda la Orquesta Filarmónica de Caracas, donde se desempeñó como director principal. Dirigió también la London Simphony Orchestra, la English Chamber Orchestra, la Orquesta de la Radio y Televisión Rumana y la Royal Philarmonic Orchestra.

Su legado alcanza más de 250 composiciones populares, mientras que en música académica compuso 100 obras para orquesta, orquesta y coros, ballet, conciertos y música de cámara. En el año 2000 recibe el Premio Nacional de Música.

En Venezuela los intérpretes más consecuentes de sus canciones fueron María Teresa Chacín y María Rivas, con quienes grabó varios discos que hoy son emblemas por excelencia de su legado musical.

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Aquilino José Mata/ Informe 21

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